El día que el mar se detuvo: en memoria de Ricardo Lindo

24 Oct 2016 Redacción Vanguardia

Un texto acerca de la cercanía y personalidad de Ricardo Lindo, poeta salvadoreño quién falleció este domingo 23 de octubre. Lindo fue poeta, pintor, narrador, dramaturgo, crítico, historiados y traductor. Hijo del poeta Hugo Lindo; fue a su vez un prolífico autor. De 1992 a 2002 fue director de la revista ARS y fungió como maestro en el Centro Nacional de Artes (CENAR). Su paso por El Salvador marcó diferentes etapas y vidas. Este es un texto que recoge una parte del legado humano de este escritor.

Por Waldemar Romero

Fotografía: Secultura

Muchas veces la ruptura en nuestra niñez  es la  mas provocadora y al mismo tiempo la mas emblemática de  una segunda  o tercera infancia (perdón por no ubicarme dentro de un plano de psicología del desarrollo), la figura mágica y victoriana de Ricardo Lindo siempre parecerá ser muy significativa y cuando digo victoriana me refiero a que en cierta ocasión una fotografía del maestro como muchos lo hemos llamado siempre pareciera un personaje de un cuento  Charles Dikens,  misterioso y con un toque de ternura que no puede compararse con otro literato o profesor para niños autistas como decían muchos.

Recuerdo una de sus primera clases, un volumen completo de Gustavo Flaubert  y comienza  a leer, cuando todos nos mirábamos las caras como -que está leyendo-  Ricardo Lindo el escritor que iniciaba con ternura la ruptura cognoscitiva de algunos preadolecentes  en literatura salvadoreña y europea,  su risa peculiar, el humanismo que lo caracterizaba una persona que aportaba conocimiento y lo compartía con tanta pasión y la humildad,  persona que encontrabas en un centro comercial y nunca evitaba invitarte a un café , incluso mas de algún alumno descarado se lo pedía sin ninguna vergüenza,  y él, Ricardo Lindo,  invitaba un café y nos compartía experiencia, bromas, autores,  nostalgias del pasado, anécdotas de su padre el Dr Hugo Lindo. De paso podrías hablar durante horas, horas y horas... Hasta que de pronto el detenía la platica por que necesitaba hacer alguna llamada o fumar un cigarrillo o como el decía- Necesito Oxigeno- y te despertaba una sonrisa y la admiración de un ser humano que representaba mas que un antecedente y un bagaje literario salvadoreño, era un amigo y padre. Abuelito le decían algunos.

Era un padre para muchos, sobre todo para algunos que no hemos disfrutado de una figura paterna, un escritor valiente en hablar de su homosexualidad abiertamente; marcando una pauta para que muchos habláramos por las redes sociales de nuestra bisexualidad sin ningún pudor y temor.  

Gracias Ricardo lindo por mostrarnos el camino poco convencional de la literatura que muchos disfrutamos en sus clases y que se convertían en parte de historia pedagógica de este inhóspito país culturalmente hablando. Siempre obteníamos un consejo y muchas veces reproches en sus talleres de literatura que nos hacían reflexionar sobre la  verdadera identidad del escritor,  lo que nos preparaba el medio  en el cual muchos nos enfrascamos y terminamos frustrados por tanta incomprensión  del los que dicen ser verdaderos escritores. Las palabras sinceras en cada una de sus platicas su visión visceral de lo que  depara el mundo de las  artes y las letras, amante del buen teatro, y critico de las propuestas mediocres.

Eso era Ricardo Lindo Fuentes, el maestro, amigo, padre, que siempre compartía conocimiento  y un dólar - para comer algo- me decía siempre. Gracias por compartir su ternura, el mar, y un episodio  The Simpsons ,  el mar se ha detenido, Ricardo Lindo estará por siempre en un océano de magia y un castillo de naipes.

 

Testamento  

Yo, que nada poseo, lego

Al bello niño amado un castillo de naipes,    

Los oros del rey de oros 

y un siete de diamantes   

y una noche de otoño donde murmura el rio       

y una constelación en la noche del rio     

en el balcón mas alto de la mas alta torre  

y un trébol de cuatro de hojas  

sea mi corazón un as enterrado    

en el jardín del viejo castillo misterioso 

y beban  mis queridos amigos, recordándome ,   

una copa de vino    

Ricardo Lindo (1947-2016)

 

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