Pérdida de una infancia por actos de violación

29 Jul 2017 Redacción Vanguardia

La Alianza por la Salud y Vida de las Mujeres exponen que la forma de cambiar actos de violación en niñas y adolescentes es tomando conciencia en todos los rubros de la sociedad y la ratificación del código penal del artículo 133 para garantizar la vida de las mujeres.

Por Karla Rodas

Fotografía: Karla Rodas

“No puede ser que los diputados de la asamblea legislativa sean indiferentes a estas prácticas injustas que promueven uniones de niñas y adolescentes con hombres, es necesario que el país repudie esos actos, y sobre todo que no se naturalice estos hechos, que no se naturalice el hecho que las niñas las estén casando con sus violadores” expresó la defensora de la Agrupación ciudadana por la despenalización del aborto, Sara García.

Durante mucho tiempo se ha legalizado uniones civiles de niñas y adolescentes con hombres.  La misma ley ampara la práctica patriarcal del matrimonio infantil aplicando lo dispuesto al ordinal primero del Art. 14 del Código de Familia, que expresa:

"Los menores de dieciocho años podrán casarse si siendo púberes, tuvieren ya un hijo en común, o si la mujer estuviere embarazada”

En el año 2016, según datos del Instituto de Medicina Legal, en El Salvador se registraron 1,844 niñas y adolescentes violentadas sexualmente (alrededor de 5 casos diarios). En el 80% de estas violaciones perpetuadas son por un familiar o conocido, los que deberían ser sus protectores.

Fututo incierto

Las uniones tempranas exponen a las niñas a sufrir violencia doméstica y violencia sexual de sus parejas. El futuro para estas niñas es tan incierto como destructivo puesto que no solo abandonan los estudios, sino que socava la capacidad de actuación, autonomía y restricciones a su libertada de circulación, además de sufrir problemas de salud producto de un embarazo prematuro.

“Si se obliga a la niña a tener estos embarazos y partos, se crean en daños psicológicos, y físicos, para toda la vida. Señala la integrante del Foro Nacional de la Salud (FNS), Morena Murillo. Y todo lo que conlleva las secuelas emocionales de una niñez perdida.

En las complejas raíces del matrimonio infantil se encuentran la pobreza, la desigualdad, la discriminación de género y los estereotipos culturales, en donde la sociedad considera como algo normal y aceptable que las niñas se casen o sean madres antes de alcanzar la edad adulta.

La violencia se aprende desde la niñez

“Es increíble cómo se va diluyendo este tipo de temas en la agenda coyuntural, es un tema de desarrollo humano que se está truncado con cada embarazo que las adolescentes están padeciendo en este país” agrego la defensora por el aborto.

Una Ley no tendrá efectos si no se educa y crea conciencia en una sociedad, también contra la práctica del concubinato con menores, que suele estar más enraizada en zonas rurales, dejando en la impunidad los hechos de abusos sexual del que muchas niñas son víctimas, creando patrones de conducta que serán inculcados en futuras generaciones, puesto que la violencia se aprende desde la niñez.

“A nivel internacional existe todo un marco regulatorio, pero hay una contradicción con nuestras leyes debe prevalecer el derecho de la niña por encima del agresor. Pero estamos con el optimismo de que esta situación pueda cambiar para hacer justicia en estos casos de violencia”. Añadió, Murillo.

Además, la familia tipifica estos arreglos en dos modalidades, la primera es dejando que la niña se vaya con su agresor fuera del hogar materno o permitiendo que esté viva dentro del núcleo familiar para evitar que la presión social caiga sobre esa niña planteo la defensora del FNS Katherine Flores.

Por ello es urgente el generar diálogo y debate, organizando acciones conjuntas para sensibilizar sobre las consecuencias del matrimonio infantil y crear las condiciones necesarias para que estas menores que tienen toda la vida por delante dispongan de las capacidades y fortalezas necesarias, que es un derecho.

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