La UES sigue exigiendo justicia para sus mártires

31 Jul 2017 Redacción Vanguardia

No solo la memoria histórica y la exigencia de justicia mueve la marcha del 30 de julio, a 42 años de la masacre de estudiantes. Las necesidades que toda la comunidad estudiantil tiene en el contexto actual, como un mejor presupuesto y más involucramiento de la UES en la realidad social también son un motor para salir a las calles.

Por Miriam García.

Fotografías: Ederson Sibrián.

Este año se conmemora el 42° aniversario de la masacre de los estudiantes de la Universidad de El Salvador que marcharon contra la represión de los años 70; en medio de un clima de preguerra. Hasta ahora, la cifra de estudiantes asesinados es desconocida; pero este suceso, que pretendió ocultarse por el gobierno del presidente de entonces, el coronel Armando Molina en 1975; es a día de hoy una exigencia de justicia y reparación.

La historia del 30 de julio de 1975 inicia con la represión que el ejército realizó al desfile bufo que organizaba tradicionalmente la Facultad Multidisciplinaria de Occidente, en Santa Ana; suceso que desencadenó el descontento de la comunidad estudiantil; y también la represión del militarismo, como explica Nelson Granados, vicerrector administrativo de la UES.

“Hubo una serie de represiones, inclusive el 29 de julio; pero la más fuerte fue la que se llevó a cabo el 30 de julio. La marcha salió desde el inicio de la 25 avenida norte y se pretendía llegar a la altura del parque libertad, pero fueron interrumpidos a la altura del hospital rosales con balas de goma, balas de verdad, y gases lacrimógenos. Muchos estudiantes fueron desaparecidos y otros murieron en el acto.”

Granados señala que actualmente el número de los asesinados es incierto, debido a la oleada de represión y persecución que ya vivía El Salvador; la exigencia de la identidad de los fallecidos, así como los motivos y los responsables de la masacre es la deuda que la UES sigue exigiendo a los gobiernos de turno.

La conmemoración de este suceso se realiza, año con año, con una marcha simbólica, desde la Universidad hasta el puente que se encuentra en la intersección de la 25 avenida Norte y la Alameda Juan Pablo II, punto en el que inició la masacre por parte del Ejército Salvadoreño. De acuerdo a uno de los sobrevivientes de este hecho, el doctor. Alcides Gómez Hernández, entonces dirigente estudiantil de la Asociación de estudiantes de medicina, fue un despliegue de militarismo que devino en un crimen de “lesa humanidad.”

“Los estudiantes estábamos resignados a que nos “cachimbearan” esa tarde; pero no estábamos programados para ser reprimidos de una manera militarmente planificada. Los que estábamos en el segundo bloque no podíamos distinguir que venían las tanquetas. La Universidad y sus hijos deben conocer la realidad. Al menos 22 compañeros no contestaron al llamado que se hizo esa noche en la UES” señala el doctor Gómez.

Así mismo, Gómez, como parte de los sobrevivientes, hace un llamado a familiares y otros sobrevivientes a sumarse a quienes exigen la reparación de este suceso: “La UES junto a los sobrevivientes deberíamos de exigir que el ejército y la FAES abra esos archivos para saber cuántos fueron los desaparecidos de ese día, y cuantos y quienes fueron los responsables directos de esa masacre.  Si este tipo de eventos trágicos se olvidan se pueden repetir.”

La conmemoración retoma el desfile bufo de aquel momento, uniendo la memoria histórica de ese momento con las exigencias de la realidad salvadoreña actual. Las organizaciones estudiantiles se manifestaron en rechazo a las resoluciones de la Sala de lo Constitucional de no permitir las reformas al techo del Fideicomiso de Fondos de Pensiones, así como la declaratoria de inconstitucionalidad del presupuesto 2017 que afectará, entre otros aspectos, la asignación presupuestaria de la UES.

El tema del presupuesto es un debate permanente de la UES en la sociedad salvadoreña. Así lo afirma Noé Vásquez, quien es el vicepresidente la Asamblea General Universitaria (AGU) por parte del sector estudiantil: “el objetivo es la memoria histórica, salir a exigir las demandas que en ese entonces se daban y siguen siendo actuales, como la lucha por un presupuesto justo para la UES con lo cual pueda atender las demandas que la sociedad salvadoreña tiene hoy en día.”

Vásquez también señaló que el año pasado, las entonces autoridades interinas exigieron al Estado Mayor la apertura de los archivos en torno a la masacre, exigencia que fue denegada: “Nosotros vamos ahora en la vía que el gobierno salvadoreño, así como lo hizo en el caso del Mozote, pida perdón por este hecho y más allá de pedir perdón, es que se investiga y se esclarezca quienes llevaron a cabo este hecho. En los registros oficiales se tiene que solo fue un estudiante; pero con los hechos, se cree que fueron 30, e incluso se llega a más de 100, entre muertos y desaparecidos.”

Ahora, son cientos de estudiantes de las diferentes facultades de la UES quienes retoman la actividad y participan en la marcha; que recorre el mismo tramo que los estudiantes antes de ser detenidos por soldados y tanquetas. Para Daniela Preza, estudiante de periodismo, es importante que como estudiantes se siga realizando esta actividad.

“Es importante que los estudiantes que se van incorporando a la universidad, a la educación media conozcan cómo sucedieron este tipo de hechos y que no vuelvan a darse. La UES ya es un ente importante en la situación del país; pero como jóvenes debemos tener nosotros mismos la iniciativa de buscar un cambio en la sociedad y no solamente a través de nuestra profesión si no involucrándonos en los procesos sociales” finaliza la estudiante.

Durante el evento se realizó también la tradicional ofrenda floral en el Monumento a los mártires estudiantiles, ubicado sobre la 25 avenida Norte. Así mismo se reconoció la labor de personal del Seguro Social, quien en ese momento ayudaron a los jóvenes que escapaban de los disparos, buscando refugio en el entonces edificio del hospital general.  Posteriormente se realizó una vigilia, donde intervinieron agrupaciones artísticas y también se ofrecieron aportes históricos, como la esquematización de la masacre por parte de otro sobreviviente, el Arquitecto Patricio Ulloa; y la proyección del documental “30 de julio: Legado de una generación.”





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