El acoso sexual en Facebook, una realidad peligrosa (Parte I)

27 Oct 2017 Redacción Vanguardia

Desde su oscura habitación Adriana Martínez, revisa su perfil de Facebook. Ha recibido una nueva solicitud de amistad, con la emoción de una niña inocente, acepta la solicitud e inicia una conversación de la cual más tarde se arrepentirá. El rostro simpático de aquel sujeto la motivó a buscar y revisar el perfil de “su nuevo amigo” hasta encontrar fotografías que evidencian la pertenencia del joven a  una  pandilla. Al enterarse de esta situación Adriana comenzó a desconfiar de él,  bloqueando por instinto al sujeto. Sin embargo, el acoso de aquel joven no terminó ahí.

Redacción: Investigadores Freelance (Iván Barahona Rodríguez, Atilio Flores Figueroa, Jairo Henríquez Flores Gabriela Jordán Morán, Kenia Monge Bernal, Nelson Rivera Cabrera.

Fotografía: Vanguardia El Salvador

El uso frecuente de diversas plataformas en internet provoca una preocupante dependencia de estas herramientas  por las posibilidades que ofrecen, se convierten fácilmente en armas de doble filo que además han cambiado la forma de llevar a cabo las relaciones interpersonales.

Tras la pantalla de un monitor se alberga un océano plagado de miles de usuarios, que en algunos casos ocultan su verdadera identidad y, en ocasiones, pueden ser un peligro para el estado psicológico de las víctimas. Las redes sociales (en especial Facebook) son una herramienta útil para los cibernautas, pero en diferentes situaciones son capaces de desvirtuar la moral de algunas personas.

Una simple frase, como un halago, puede llegar a considerarse algo común y corriente, sin embargo, el hecho de no conocer a al contacto más allá de las redes sociales puede jugar un papel fundamental en esta problemática; Alexander Rodríguez proporciona un testimonio que involucra un caso poco habitual, relacionado con el interés por parte de una mujer mayor hacía él; luego de una rápida conversación, dicha persona le solicitó su contacto de Facebook y fue así como inició una constante insistencia por hablar con Alexander, a tal grado de causar su desesperación.

El caso se intentó resolver con la eliminación de la acosadora como contacto, no obstante, el temor a ella no había desaparecido totalmente. Alexander Rodríguez manifestó que se vuelve un momento inquietante en su vida, al grado de permanecer con un perfil bajo temor a que pueda pensar su familia o por el simple hecho de protegerla, sin compartir con nadie su situación.

Según  el informe Tigo/Millicom(Compañía telefónica)  y  El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia(UNICEF), existen 11 casos de trata de personas, 347 casos de delitos informáticos, 120 delitos cibernéticos que se registran contra niños y niñas. Los criminales del ciberespacio se escabullen de la justicia, mientras que los jóvenes se vuelven ermitaños de sus habitaciones debido al miedo de salir a la calle y encontrarse con aquella persona incógnita.

El Salvador ha sido catalogado como uno de los países más violentos de Latinoamérica, y es que, es normal que en el país, miembros de pandillas atenten libremente contra la vida de los ciudadanos. Por esta razón, es posible que al acoso cibernético se sume el hecho de que el victimario pueda pertenecer a un grupo delincuencial.

Retomando una nota informativa del periódico digital Vanguardia El Salvador titulada “Redes sociales; herramientas de las pandillas” se demuestra que los miembros terroristas poseen un poder que trasciende de lo virtual a lo real:

-“Hoy en día cualquiera puede acceder a una computadora y fascinarse con la idea de conocer a nuevas personas y compartir parte de la vida a través de las redes sociales. Facebook se ha convertido en una herramienta común para los jóvenes, pero también en una espada de doble filo; ya que miembros de pandillas utilizan este mecanismo virtual para comunicarse y ganar adeptos o en el mayor de los casos dar órdenes ilícitas frente a las narices del Estado”.

Julia, nombre ficticio que se le da a una víctima del acoso de estos grupos pandilleriles, dice que fue una de sus experiencias más aterradoras:

“La verdad fue bien difícil esa experiencia porque jamás había sido acosada por alguien, mucho menos por una persona miembro de pandilla. Todo comenzó cuando yo aceptaba las solicitudes de las personas que me enviaban a Facebook sin conocerlas. Aceptaba cualquier solicitud; entonces un día en la Universidad yo decidí abrir mi Messenger, entonces me cayó un mensaje y me puso hola, y empezamos a platicar por unos minutos, me dijo: cada mañana que te veo me gustas más y yo le puse: “cada mañana”, y unos signos de interrogación, y él me dijo sí, yo te veo todo el tiempo, y fue como que bien extraño para mí porque yo no sabía, yo no lo conocía. Me metí a su perfil y revise sus fotos; era un muchacho bastante agradable pero le seguí pasando las fotos, cuando vi que tenía una imagen con una letra, con las letras ‘MS’. Entonces cuando yo vi que tenía esas letras me asuste y le pregunte de donde era y me puso: ‘No te tengo que decir de dónde soy pero, sé que sos muy hermosa y te veo todo el tiempo”.

El tiempo transcurría, la insistencia de aquel acosador no cesaba y el número de mensajes se acrecentaba, mientras ella estaba indefensa, sin anticipar los movimientos de su acosador, porque en esta ocasión el problema no era un maniático fetichista, si no, un miembro de una estructura criminal de El Salvador.

“Me fui para mi casa, al siguiente día me cayó un mensaje y me dice: “porque me bloqueaste del otro Facebook, aquí podemos seguir hablando” y yo le puse quien eres y me escribió: “soy la misma persona de ayer, ahora te volví a ver y te mirabas muy bonita con esa camisa celeste” y me asusté, entonces decidí cerrar Facebook, porque yo ya no podía seguir eso verdad, me decía de que el me veía siempre, entonces cerré Facebook y ya no salí por una semana, deje de llegar a la Universidad y no salía”

Julia manifestó que ahora prefiere no tener redes sociales,  que su forma de vestir y los lugares que transitan son diferentes, porque aún puede sentir el suspiro de un acosador que además es pandillero.

Entre la línea de víctimas y victimarios

Dentro del acoso sexual existen diversos factores que propician su realización, entre ellos, el papel de la familia en el desarrollo de la seguridad y la identidad de las personas, además del comportamiento y la educación sexual recibida por las instituciones encargadas de la formación del carácter del individuo.

Según el psicólogo Benjamín Landaverde el acoso sexual se da cuando una persona hostiga, persigue o molesta a otra, entonces se está incurriendo en algún tipo de acoso.

Existen tres tipos de acoso que se pueden ejercer por una figura de autoridad. En primer lugar el acoso laboral, posteriormente el acoso verbal y físico, terminando con el acoso sexual de tipo coital.

 La mayoría de casos atendidos por los psicólogos en las clínicas independientes  tienen una característica recurrente y ésta es que en su mayoría son ejercidos por figuras de autoridad en los trabajos de las víctimas, es decir jefes inmediatos y toda persona que sepa que por su afinidad con el poder o interés económico de una empresa ésta le proteja de su falta si se levantase un proceso legal contra ellos.

En segundo lugar el acoso verbal o físico, cuando el agresor ya inicia a decir palabras que incomodan a la víctima aunque estas no lleven una intención o palabras con contenido netamente sexual. A su vez, en el tercer caso encontramos la ejecución de una violación de tipo sexo coital con la víctima.

El licenciado Renato Noyola menciona que durante su larga carrera como educador en diferentes niveles de educación superior y varios centros educativos del país los casos de acoso son evidentes,   pero en su mayoría la impunidad de estos y el miedo a la denuncia por parte de las víctimas y de los conocedores de la situación no contribuye a realizar un proceso legal para encarcelar a los agresores.

Asimismo,  las personas que contribuyen en la formación del individuo en situaciones de  acoso sexual  no están capacitadas para tratar a una persona que ha sido víctimas de acoso sexual cibernético.

“Los centros educativos no tienen maestros capacitados en atención a un niño que este siendo víctima de cualquier tipo de acoso”, afirmó el licenciado Renato Noyola.

En los agresores el comportamiento siempre será de una posición de dominio sobre la victimas hasta ganarle la moral, en el caso del victimario tiene una lucha interna que lo lleva a pensar en el que dirán, la manera de informar a su familia y como tratar una situación difícil emocionalmente en su vida. Por ello se debe buscar ayuda de un profesional según detalló el Psicólogo Landaverde.

Además algunas características de los acosadores cibernéticos recolectadas en la investigación contemplan: los acosadores cibernéticos son en su mayoría personas adultas, son personas solteras, los acosadores son hombres y mujeres por lo que el estereotipo que sólo los hombres practican estos actos inmorales es falso, son capaces de verificar todos los movimientos de las víctimas para tener tema de conversación, se comportan de forma amable con sus víctimas y pueden llegar a ofrecer algún tipo de remuneración o beneficio económico o material para crear vínculos de confianza con las víctimas, por otra parte,  los acosadores cibernéticos cambian de perfil cada cierto tiempo y vuelven a acosar a sus víctimas desde diferentes cuentas en Facebook y otras redes no obstante al ser detectados los cierran y continúan con el circulo vicioso.

El licenciado en Educación, Renato Noyola comentó que cuando se encontraba trabajando en una zona rural de Chalatenango hace un par de años uno de los estudiantes del centro educativo donde el fungía como docente fue víctima de acoso sexual hasta llegar a una violación; sin embargo, los docentes por el miedo a represalías no realizaron ninguna denuncia del caso, no obstante, la madre de la víctima un joven de 12 años lo hizo posteriormente aun sabiendo las consecuencias que esto traería a su hijo.

Nuevamente se comprobó el miedo que las personas víctimas de acoso sexual tienen puede abarcar a los que conocen que son víctimas y no denuncian y a los que quisieran hacerlo pero el sistema de justica nacional no les genera confianza por tanto, el comportamiento entre víctima y victimario siempre es un problema que es muy complejo de descifrar respecto al comportamiento y difícil de castigar siendo justo.

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