Seguimos a merced de lo que otros quieren que pensemos

10 Feb 2016 Redacción Vanguardia

Algunos aventurados ya hablan de cortina de humo para ocultar otros temas que consideran si deben estar en la agenda pública, perdón, en la trama de la telenovela que tenemos por sociedad política. Pero es inútil, la selección de un tema por sobre todo no es acaso el principio de la distracción.

Por Irving E. Flores

En los últimos días han desfilado una serie de temas en nuestros medios de comunicación en diversas formas y formatos; entre escándalos de expresidentes, una ciudadana expresando su decepción por un servicio vital, una iniciativa de reforma de las pensiones, portada pagada en ciertos medios impresos, aprobación de ley para delitos informáticos y un alcalde señalado por ciberfraude.

Dicho de otro modo, escoja su novela favorita y ponga en ella a los políticos de este país, uno que otro director de medios y un poco de drama para llamar la atención, el resultado es el día a día del acontecer nacional.

Algunos aventurados ya hablan de cortina de humo para ocultar otros temas que consideran si deben estar en la agenda pública, perdón, en la trama de la telenovela que tenemos por sociedad política. Pero es inútil, la selección de un tema por sobre todo no es acaso el principio de la distracción.

Al final sería lo mismo.

No es mi intención hablar de lo que ya está en boca de todos, otros ya lo están haciendo de mejor manera; tampoco sobre el contrapeso argumental que defiende cuáles son los tópicos en los que debería centrada la atención, de eso abunda por igual. Mi único interés es evidenciar que como sociedad seguimos pensando de la forma en cómo otros desean que lo hagamos.

Posiblemente esa aseveración sea un tanto arriesgada, lo admito, pero basta con cambiar le perspectiva de observación para darnos cuenta de ello. Es decir, dejemos a los protagonistas a un lado y prestemos atención a la audiencia, a nosotros.

Caracterizar al salvadoreño promedio que recibe un mensaje no es tan complicado si tomamos en cuenta aspectos como: historia, educación, religión e idiosincrasia. Con base a todo eso podemos definir que un salvadoreño promedio se encuentra: 1) Desinformado o sobreinformado, 2) Sugestionado a las ideas partidarias y religiosas, 3) Desprovisto de memoria histórica, 4) Acomplejado socialmente y 5) Enajenado por el contenido de entretenimiento al cual tiene acceso a través de distintas formas.

Puede haber más, no lo dudo, pero estas cinco me parecen suficientes.

 Al combinarse se puede explicar la razón por la cual la opinión pública “simula” dividirse entre dos posturas polarizadas: a favor o en contra; apoyando o criticando; burlándose o reflexionando. Es decir, no posee la capacidad de poder proponer una línea propia de pensamiento sino que debe encaminarse a posturas definidas por “otros”.

Esto no es accidental; la disposición al debate argumentativo (no solo de ideas subjetivas y vagas)  y al diálogo no aparece en nuestro ADN, en algún momento se nos arrebató para, en su lugar,  potenciar el silencio, el fanatismo y la violencia. Si le agregamos el no tener acceso a medios para ser escuchados y valer nuestros derechos, el panorama no es nada alentador.

El salvadoreño promedio se coloca frente al televisor o cualquier otro medio y observa lo que ocurre, payasadas por acá y por allá en lo que ya hemos llamado telenovela; finalmente, cuando es capaz de solicitar su opinión la hace como el mero espectador al cual ha sido reducido, no tiene incidencia y su único camino aparente es seguir lo que otros ya dicen.

Comentarios

Todos los campos son requeridos.

47 Av. Norte #226, Col. Flor Blanca, San Salvador.
Contáctanos: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.