¿Esta es la U?

01 Ago 2016 Redacción Vanguardia

Una crónica acerca de un accidentado 30 de julio, una conmemoración que lucha por no diluirse entre actos irracionales, falta de memoria histórica e indiferencia de la sociedad. Una actividad que, pese a todo, sigue denunciando y luchando por no sucumbir.

Por Miriam García

Fotografíass: Miriam García, Blanca Iris Peña y Mirna Pacheco

En principio, deseaba iniciar este texto como una ferviente denuncia hacia actitudes de “estudiantes” de la Universidad de El Salvador que vuelven una conmemoración histórica una especie de batalla campal con el resto de la sociedad. Pero siempre es importante escribir con la cabeza fría y al margen de emociones; para que un registro abarque  la mayor parte de aspectos posibles. Lo malo y lo bueno, como en toda actividad.

Anualmente, la Universidad de El Salvador conmemora la masacre de estudiantes organizados que sucedió el 30 de julio de 1975.  En esta fecha, estudiantes organizados de la UES, de secundaria (Aglutinados en el Movimiento de Estudiantes Revolucionarios de Secundaria, MERS) entre otros se manifestaron en una marcha pacífica; en apoyo a los estudiantes de la facultad multidisciplinaria de occidente de la UES a quienes se les impidió realizar su tradicional desfile bufo, debido a las críticas sociales que ya se sentían venir en dicha actividad. Por ello se dice que “no hay 30 sin 25 de julio.” Atendiendo a este hecho, los estudiantes del campus central se levantaron pacíficamente; y por esa defensa hacia la libertad de expresión, fueron masacrados un número indeterminado aún de jóvenes.

Pues, 41 años después, este hecho se recordó. Las diferentes organizaciones de facultades de la Universidad de El Salvador, organizaciones independientes y personas afines a los ideales de la UES se reunieron frente a el portón de la Facultad de Ciencias y Humanidades. Como cada año, la marcha “oficial” partió de allí, encabezada por estudiantes representantes del Consejo Superior Universitario y otras autoridades organizadoras de la marcha. Este acto es acompañado por elementos de la Policía Nacional Civil, para prestar seguridad a quienes se manifiestan; aunque muchos jóvenes no prestan gana en repetir aquello de “estudiar, aprender, para cuilio (policía) nunca ser”; posiblemente desconozcan que la PNC simplemente acude al llamado de custodiar la actividad, no de reprimirla.

En esta ocasión, la actividad dio inicio a las 3:00 pm. Los estudiantes del CSU llevaban la tradicional ofrenda floral, un picop de la UES acompañaba, llevando bolsas enormes de agua, para los estudiantes que sucumbieran ante la sed. También hubo unidades de sonido a lo largo de la actividad. Una alquilada por la UES a la cabeza de la marcha, más atrás una “panelita” que en apariencia pertenecía al partido de gobierno FMLN, que también funcionaba como unidad de sonido para las y los estudiantes que repetían las consignas históricas: “Con lucha organizada, las calles se conquistan; las calles se conquistan con lucha organizada…”

Todo parecía típico, una conmemoración más, pero cuando la marcha se ubicó a la altura de la Plaza de la Minerva (sobre el boulevard universitario) las cosas se salieron de control. En la entrada principal de la UES, paralelo a la concentración en Humanidades; se habían apostado algunos grupos y organizaciones que no formaban parte del grueso de la marcha; más sí de los estudiantes de la Universidad. Estos jóvenes se colocaron en la intersección entre el boulevard universitario y el boulevard de los héroes, para incorporarse –aunque por la parte de adelante- a la marcha principal. Pero la marcha oficial se detuvo; esperando a que el grupo que salió de la entrada principal avanzara.

Esta evidente división calentó los ánimos; pero la peor parte se la llevaron personas ajenas a la marcha. Los jóvenes que salieron de la Plaza Minerva interrumpieron el tráfico que intentaba avanzar hacia el boulevard de los Héroes y viceversa; debido a que la marcha principal esperaba que se adelantaran; para no ir en un solo bloque.

Fue tanto el tiempo de espera; que los automotores se comenzaron a desesperar. Algunos carros lograban pasar, cuando se abrían espacios entre el bloque; pero de inmediato eran cerrados; y en uno de esos momentos el carro de una mujer quedó en medio del bloque. Ya se llevaba mucho tiempo esperando; la chica intentó avanzar; pero los que estaban cerrando el paso, esperando para avanzar no lo permitieron, y en un acto completamente irracional alguien golpeó el parabrisas trasero del auto, y lo quebró.

Este acto cobarde y completamente fuera de lugar asustó a los jóvenes y sin duda a la conductora; quien debió lamentar que un desconocido, embrutecidamente le quebrara una parte de su auto que al menos le costará $300 en reparación. El grupúsculo se disolvió y la conductora avanzó un poco, se detuvo; pero sin duda asustada, prefirió irse. Lo lamentable es que se llevó la peor imagen de la Universidad que, sin duda, otros hubieran preferido nunca hubiera pasado.

Todavía costó un poco más que avanzara finalmente el primer bloque; fue necesario que elementos de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, que venían con el bloque, aparecieran. Lastimosamente, no hicieron nada por la joven del parabrisas quebrado ni se logró identificar al agresor, a pesar de la presencia de la PDDH y de Policías.

Luego de estos tensos momentos, la marcha finalmente avanzó; separada en dos bloques. El que iba encabezado por el CSU y aglutinaba a las organizaciones de las facultades enfatizó que se desligaban de la pinta que se realizaba por parte de algunos jóvenes. Por su parte, los “grafiteros”; simplemente comenzaron a dispersarse y arremeter contra los muros de los negocios de la 25ª avenida, como es usual. Y nuevamente, ante la mirada impávida de las autoridades que no les levantaron siquiera la atención. Las consignas de los jóvenes de los rostros cubiertos, fueron las de rigor; aunque una realmente llamó más a la indignación que la atención: “estudiar para pensar, no para MEMORISAR.”

A medida la actividad avanzaba, se intentaba regresar al clima animado y conmemorativo; pero también se dio la quema de pólvora; un hecho típico. La quema de pólvora asustaba a transeúntes, pero marcaba la distancia entre un bloque y otro, y además anunciaba el advenimiento de un “culo a tierra” (agacharse, esperar la “señal” del cohete y comenzar a correr)

Se reventaron palometas y morteros de más del número 5 frente al Hospital de Niños Benjamín Bloom, donde pequeños convalecen con cáncer, insuficiencia renal, deficiencias pulmonares y otras enfermedades. Lo mismo pasó frente al hospital Profamilia, el Hospital General, el Hospital de Oncología, Bomberos, el Medicentro la Esperanza… Un par de hombres inclusive los colocaron cerca de un poste de energía eléctrica, con toda alevosía, al lado de la Universida Pedagógica.

¡Ah!, la Universidad Pedagógica, por cierto, también sucumbió a los “grafiteros” y a varios insultos proferidos desde las unidades de sonido. Algunos hicieron pintas en sus paredes, y otros, al pasar, vociferaban “¡Escuelita, já, já, já!” Inclusive un poeta que acompañaba la marcha, como cada año, vociferó dicha consigna contra un centro de estudios que nada tiene que ver con el hecho histórico de la conmemoración.

Finalmente; se llegó al punto principal de la marcha, el monumento a los Mártires del 30 de Julio, ubicado sobre la 25 avenida (o avenida Mártires del 30 de julio) y frente a los hospitales. Aquí se hizo la ofrenda floral, así como palabras y un comunicado acerca de lo sucedido y las actuales exigencias de la UES. Cabe recalcar que el hecho atroz, en el que murieron los estudiantes mártires, al ocurrir en 1975, no está incluido en la Ley de Amnistía, por lo que la derogatoria de la misma por la Sala de lo Constitucional no es garantía de que este hecho se juzgue y reciba justicia. Aunque parezca que lo hayan olvidado muchos de los que se tomaron la calle como batalla campal contra el resto del mundo, este hecho de sangre significó mucho para la Universidad de El Salvador de aquel entonces. Algunos de los sobrevivientes acompañaron la marcha, y en el acto conmemorativo recordaron los crudos momentos que se vivieron, cuando fueron emboscados por tanquetas, elementos de la Guardia Nacional y de la Fuerza Armada quienes con fuego a bocajarro les cortaron el paso.

En el puente donde se quemaron las carrozas y los monigotes de papel y cartón, simbolizando a las Fuerzas Armadas, partidos políticos, a la Sala de lo Constitucional, a quien algunos movimientos de la UES le exige que permita a la Maestra Ana María Glower sea ratificada como rectora; allí mismo fue donde muchachas y muchachos se lanzaban al vacío ante la desesperación de las balas, de las tanquetas atropellando vivos y muertos, de los cadáveres aplastados, de la sangre que manchaba la calle.

La quema pretende simbolizar el desprecio al acto represivo; pero siempre queda la pregunta de qué tan necesario es hacerlo a través del fuego. La quema de basura –papel, cartón, llantas, alambre, pintura; por ejemplo- es uno de los contaminantes más perniciosos que hay del aire y  la zona donde se concentra la quema principal es donde se concentran centros nacionales de salud.

Con un panorama así, la conmemoración estaba muy desequilibrada entre la verdadera actividad reivindicativa, y una serie de actos descontrolados. Pero aún faltaba la segunda parte del día, la tradicional vigilia; que dio inició un par de horas después que la marcha finalizara.

La vigilia fue organizada también por estudiantes de organizaciones de las facultades de la UES. Este año la tarima estuvo en el parqueo de la Facultad de Economía y Derecho; que acogió a un buen número de participantes. Dio inicio casi a las 7:30, con la intervención del grupo Xolotl, quienes despertaron los ánimos.  Dentro del recinto universitario, el ingreso era fuertemente controlado por custodios de la UES, quienes registraban mochilas, bolsos, y cuidaban que no se ingresara alcohol. La velada fue mucho más tranquila y solemne que la actividad de la tarde.

Luego del grupo Xolotl, hubo poesía dedicada a los estudiantes mártires, una performance de estudiantes artistas; que recrearon parte la escena de la masacre y repitieron consignas históricas. Un punto que fue interesante dentro de la actividad principal consistió en la presentación de una esquematización de la masacre del 30 de julio, por Patricio Orlando Ulloa, arquitecto y sobrino del rector mártir Félix Ulloa. Dicha esquematización graficó y permitió dimensionar el hecho en que cientos elementos armados, como señaló el arquitecto, arremetieron contra estudiantes indefensos. Él mismo fue un sobreviviente que recordó con mucho dolor el suceso.

Otros puntos artísticos estuvieron a cargo de los grupos Sierra Madre, Los Guaraguao, como plato fuerte, y los Torogoces de Morazán, quienes pusieron a bailar al público. Durante su intervención, Gaspar Torogoz, quien lideró en esa ocasión al grupo, hizo un llamado a las y los estudiantes: “Estudien, y sean profesionales de bien” exhortó el ex guerrillero y hoy músico. En una casa de estudios histórica, este llamado sin duda fue un elemento que no debe pasar desapercibido. Al margen de actitudes foráneas al espíritu de la conmemoración, la Universidad de El Salvador tiene un legado que preservar y honrar. No se honra gritando consignas de “estudiante reprobado; pero organizado” ni manchando –y además con mala ortografía- ni quebrando parabrisas ni reventando pólvora de alto calibre junto a hospitales. Se honra recordando con respeto, exigiendo justicia y preparándose para ser profesionales con conciencia de clase, escuela política y afán de transformar la realidad salvadoreña. Cualquier otra acción es poner en entredicho la verdadera revolución estudiantil.

Foto por Blanca Iris Peña Fotografía por Mirna Pacheco
Foto por Blanca Iris Peña
Acto principal de la conmemoración, junto al monumento a los Mártires del 30 de julio.

A minutos antes de iniciar la marcha conmemorativa del 30 de julio.

Pinta realizada en la fachada de la Universidad Pedagógica

Textualmente:

Estudiantes y manifestantes que se hicieron presentes a la marcha, aunque no se integraron a la marcha principal.

Quema de pólvora frente a un restaurante sobre la 25 avenida Norte. Esta escena se repitió en el Hospital de NIños Benajmín Bloom, y frente al Hospital General.
Fotografía por Mirna Pacheco
Grafitis de algunos acompañantes de la marcha, que no solo versaban sobre el hecho conmemorativo.

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