Vladimir Amaya ante todo es un poeta ficticio, lo real es la poesía y el hombre

11 Abr 2016 Redacción Vanguardia

Entrevista con el escritor salvadoreño Vladimir Amaya acerca de "Fin de Hombre", libro que presentará próximamente.

Redacción Vanguardia

Fotografía: Portada de "Fin de hombre"

Vladimir Amaya es un poeta y antólogo salvadoreño. Actualmente es director de la revista "Cultura" de la Secretaría de Cultura de la Presidencia. No obstante es un poeta a tiempo completo y no deja de trabajar en su oficio como escritor. En esta entrevista nos habla acerca de "Fin de hombre" su octavo poemario, trabajo con que ganó los "Juegos Florales" de poesía en 2013 y con el que obtuvo el título de "Gran Maestre" en esta rama. Esta entrevista, que podría considerarse a dos voces ahonda en este trabajo literario que será presentado este viernes 15 de abril, a las 10:00 am en la Casa de la Cultura de Los Planes de Renderos.

Vladimir, ¿cuándo surge Fin de Hombre?

Los primeros poemas de este libro aparecen allá por el 2011. Si bien no recuerdo exactamente, me ubico en el tiempo porque era mi último año en la universidad. Y Fin de Hombre fue el último libro que escribí y armé aún en mi calidad de estudiante activo en la UES. Lo recuerdo bien porque en medio de la entrega de los últimos trabajos, que suelen ser los más desquiciantes, hacía tiempo para el poemario.

Según lo que he visto de la publicidad que se le ha hecho a Fin de hombre se dice que es tu poemario inédito más conocido. ¿Cómo es eso? ¿Por qué?

Fue con Fin de Hombre que gané los Juegos Florales en 2013. Se hicieron un par de lecturas a raíz de eso. También se publicaron algunos poemas en la revista Cultura No. 113.

 Asimismo, gracias a la poeta Miroslava Rosales, que siempre vio en Fin de Hombre algo en lo que se podía confiar, se ha publicado en revistas digitales latinoamericanas, como Cuadrivio, por ejemplo.

 ¿En cuánto tiempo trabajaste Fin de hombre?

Lo más rápido fue escribirlo, y me refiero a un año y medio. Lo que me llevó más tiempo fue limpiarlo. En 2013 lo metí al concurso de los juegos florales, y de las últimas revisiones que tuvo fue con Roberto Deras, Miroslava Rosales, Jorge Galán, entre otros.

¿Cómo fue el proceso creativo para este poemario?

Venía de escribir Tufo y para el siguiente libro quería hacer algo distinto, pero sin dejar a un lado lo que había aprendido en el proceso escritural y de lectura que gané con Tufo. Quería otro tipo de exigencia, quería descubrir hasta dónde podía llegar y qué podía resultar con el poemario. Había estado leyendo algunos libros de viaje, supongo que estos me ayudaron para poder emprender un tipo distinto de migración, que sería el poemario mismo.

¿Es un poemario de rutas y estaciones, de lugares por eso que decís de los viajes?

No. Bueno, de lugares físicos no, creo que es un viaje interno. Eso es un elemento que comparte este libro con mis anteriores trabajos, es ante todo una exploración de mí que soy todos los hombres, pero Fin de Hombre es una ruta más simbólica e incluso más repensada, con un inicio y final definidos que talvez no parecieran tener relación entre sí al primer vistazo. También es un viaje desgastante, como creo que llega a ser la vida misma en algún punto: uno parte de un sitio específico, de un hecho en particular, camina de experiencia en experiencia dejando pedazos de sí en el trayecto, conociendo personas, perdiendo personas y se va llenando de esas vivencias, y se va quedando vacío de sí mismo para llenarse de otros, para quedar vacío otra vez en un ciclo que parece sin fin.

¿Por qué el título de «Fin de Hombre»?

Tiene mucha relación con lo que te decía anteriormente. Veo el poemario como una calzada, y mientras uno camina por esa vereda de escarmientos, de milagros, de vivencias, vamos desapareciendo poco a poco. Es decir, uno camina hacia su fin por la vida misma. No sé cuál será o qué será el fin para los otros como individuos, para mí en este libro es llegar a los otros lleno de mí y a pedazos. Ya que la fragmentación emotiva, espiritual, social, en el trayecto llega a ser muy común. Y en el poemario no es la excepción, ahí está el primer poema que trata de la reconstrucción del individuo por medio de la poesía misma, y de ella parte para completar ese recorrido que lo llevará hacia su “fin de hombre” y ser los hombres por medio de un amor colectivo enterrado en su pecho, tal cual aparece en el último texto.

¿Qué hay de nuevo en este poemario que en tus otras obras no?

De nuevo seguro que nada. Quizá sean otras las inquietudes, deben ser otras; incluso pueden ser distinta la manera de abordar algo que ya he tomado o me he referido en algún otro poemario. En este viaje que te digo, no debe sorprender algún retorno a algo o alguien. Por otra parte, no me considero alguien de un solo tema. Creo que es través de esa diversidad de tópicos y de “modos” en los que se pueden traducir las emociones en palabras, lo que hace factible construir una distinta clave para decir las cosas, decir cualquier cosa.

He leído el libro, Vladimir, y no hay una estructura evidente o partes que indiquen cambios en el poemario de manera explícita para comprender mejor lo que me acabas de expresar. Es decir, no tiene una aparente estructura, al menos no como lo habías venido trabajando en anteriores trabajos, y que ahora veo retomaste en la Princesa de los ahorcados.       

Bueno, Fin de Hombre se escribió mucho tiempo antes que “la Princesa”, como repito venía de escribir Tufo, pero para Fin de Hombre traté de hacer cosas que nunca había intentado, por ejemplo construir desde otros aspectos, de no forzar la naturaleza de ese “viaje” que significa el libro, encasquetando al lector a un aburrido viaje con mapa y brújula en mano y privarlo de alguna sorpresa. Incluso, son poemas sin títulos, esto refleja ese afán de ser un solo viaje, de ser un todo, a pedazos, pero un todo al final. Para “la princesa” volví a utilizar esas fórmulas porque aun siendo un poemario con distintos registros, con un enfoque más claro de la vida con respecto a lo que había venido trabajando, me pareció idóneo dividir el libro a la vieja usanza.

Me decías que escribiste Fin de Hombre poemario luego de Tufo, ¿no te fue difícil?, teniendo en cuenta que Tufo es un poemario un tanto curioso.

No mucho. Por el contrario, se me hizo más fácil pues tenía aún fresco lo que había hecho en Tufo, me fue más fácil alejarme de lo que había realizado, de ciertos patrones y buscar, como te dije, otras cosas distintas.  

Dado que este libro fue escrito entre Tufo y La princesa de los ahorcados, aunque ese no fue su orden de publicación, ¿puede considerarse a Fin de Hombre una transición entre lo visceral y marginal de Tufo y la atmósfera diáfana de La princesa?

Sí, en Fin de hombre quería dejar atrás ese ambiente que solo sirvió para Tufo, pero quería exigirme tanto como lo hice en ese libro, luego de terminarFin…”, pasé un tiempo de descanso, de lecturas variadas; empecé con la idea de una antología de ciertos poemas de tono “feliz” que tenía tirados por ahí, pero luego vi la posibilidad de algo más grande y completo, por eso la Princesa es una libro un tanto sosegado, más tranquilo, menos denso y con modos sencillos, evocaciones a lo mejor que quizá tuvo mi infancia, de esas pequeñas luces que aún guarda la vida y que por el ritmo de nuestra neurastenia social no vemos.  Una transición necesaria y sana entre Tufo y La princesa de los ahorcados la marca indudablemente Fin de Hombre.

¿Qué es lo que viene, entonces, después de Fin de hombre y La princesa de los ahorcados?

En general sigue lo mismo: esa tradición personal de buscar en las emociones de la gente, de mis propias emociones, de exigirme cosas de índole literaria, de ser fiel a mí mismo y a ese compromiso con la poesía, con la palabra y con las personas. Ya hay un libro, no quiero adelantar nada, pero en él se reúne lo más corrosivo de ciertos días que a veces a uno le toca vivir, ahí está reunido lo más violento que he llegado a amar, puede considerarse el hermano malvado de “la princesa” en todo el sentido de la expresión. Como te digo, sigue lo mismo: yo tratando de hacer más amplio este universo de la vida que nos tocó, de la vida que me tocó y extraer de ella toda luz, y grava; toda víscera ensangrentada y toda luz. Ya que creo que mi poesía, como la de muchos, se nutre de la vida misma.

Volviendo a Fin de Hombre ¿Cuál es el proceso que ha tenido el original de los Juegos Florales para convertirse en el que se publicará próximamente?

La “curaduría” del poemario, ya para publicarlo, la hizo Jorge Galán. Por eso tengo la confianza de que Fin de hombre está listo para el público. También lo han leído algunos de mis amigos poetas, de quienes tengo la plena seguridad que no han sido para nada condescendientes. Y de lo anterior queda la prueba de dos o tres poemas que quedaron fuera del libro, porque en verdad logré ver que estaban ahí por simple capricho y antojo.

Esta versión final tiene leves cambios con respecto al que ganó en Juegos Florales, pero en esencia es el mismo desde su primer día.

Fin de Hombre estuvo a punto de ser publicado por la Dirección de Publicaciones e Impresos, y también por Valparaíso Ediciones, Centroamérica  ¿Qué pasó?   

Con Fin de Hombre gané en 2013 mi tercer y último juego floral nacional. Mi poemario sería parte de la colección de bolsillo de los Juegos Florales que la DPI estaba publicando. Pero ocurrió el lamentable, funesto caso Mario Rojas y su inteligentísima “protesta social”. La edición de mi libro y la de los otros ganadores se fue al caño. Luego salió la propuesta de Valparaíso Ediciones en Centroamérica, proyecto de Carlos Serpas y Jorge Galán, pero lamentablemente por cuestión de tiempo solo logré que se aprobara mas nunca llegó a realizarse, luego se vino lo de las amenazas a Galán por su novela Noviembre, así que fue evidente mejor el hacerme a un lado. Eso ya no tenía remedio. Pensé en otras posibilidades, sin embargo, las editoriales con las que aún no he publicado no llenan mis expectativas, para nada. Así que hablé seriamente con don Pipo Velado y le comenté sobre la idea que tenía para el poemario, y pues estuvo de acuerdo y gustosamente me dio el espaldarazo de su ya clásica, sempiterna y desconocida Editorial Gallo Gris.       

 

Vladimir, ahora, con tu trabajo como director de la revista Cultura ¿Te ha cambiado el tiempo que tenés para dedicarte al oficio del escritor?

Por ahora no he sentido como el gran cambio, tal vez más adelante sí lo sufra. Ya el primer número a mi cargo está listo, y por ahora he seguido trabajando en algunos proyectos personales. Y es que esto de la poesía se va dando también con la vida.  Mientras vas viviendo, vas mirando, vas escuchando, uno va siguiendo el curso, y en un momento decís: “Ya tengo esto escrito” ya listo para empezar a editarlo y limpiarlo. Pero sí, por ahora puedo decir que no hay mayores cambios en mi rutina. Además, tuve un período entre 2010 y 2011 donde escribí bastante. Entonces, aunque no son cosas terminadas, ya tengo de donde partir. Ya no tengo que empezar desde cero en algunos casos. Pero como la mayoría sabe, esto de la poesía no tiene horarios ni oficinas. Siempre está ahí, como la vida que pasa.

Venís trabajando de manera pública desde el año 2010 con la antología Una madrugada del siglo XXI que sin duda te abrió la puerta para que la gente conociera tu trabajo, no sólo como antólogo si no también el de poeta, pues meses después salió publicado tu primer poemario Los ángeles anémicos, y al final de ese año tu segundo libro de poemas: Agua inhóspita ¿durante estos 6 años qué ha ganado Vladimir Amaya por esa poesía que escribe y la poesía de los autores que ha leído y antologado; o qué ha perdido Vladimir, si es que algo ha perdido por esas mismas razones?

Creo que he perdido muchos miedos. Para mí la poesía (la propia o ajena) ha sido una vuelta a la vida por medio de la sensibilidad; pero al mismo tiempo me ha puesto un pie seguro en el abismo. La sociedad salvadoreña es cada vez más sanguinaria e indiferente con las artes, sobre todo con la poesía que aborda la realidad desde la intuición, la sensorialidad y el conocimiento afectivo, y por tal razón debe estar desnuda, y sin ser directa, tiene que ir al grano y a veces, poner el dedo en la llaga. Por eso ese abandono y rechazo al que está condenado por parte de las mayorías.

El arte en El Salvado es un barco a pique, y yo he perdido del todo ese miedo a hundirme con algo tan inútil y esplendorosamente vital como la poesía. 

Y sobre ganar algo… puede ser la certeza, ahora más que nunca, de que Vladimir Amaya ante todo es un poeta ficticio, que lo real es la poesía y el hombre.

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